Coincidiendo con el inicio de curso, los alumnos de 4ºESO han podido finalmente reanudar el servicio de asistencia al Comedor Social de El Carmen, en Santa Catalina. Ha sido un largo periodo de ausencia de 18 meses marcado por la pandemia, que aún hoy sigue condicionando la modalidad del servicio: en efecto, ha quedado reducido ahora a la mitad de alumnos por día (tan solo pueden ir dos) y limitado a la distribución de bolsas de comida (eso sí, con un guiso caliente en un recipiente de plástico). 

     Como siempre, la dedicación esmerada de los nuestros es objeto de elogios. Pero, entretanto, cómo no recordar aquellos años de visitas semanales al comedor, cuando los alumnos se apresuraban a repartir el primer plato de comida caliente, con ojos atentos a quienes deseaban repetir, para luego retirar el plato hondo y acercarles en seguida el no menos apetitoso segundo plato. Eran en total unos 30 minutos realmente intensos, porque entre medias había que repartir el pan, el gofio si era el caso, llenar las jarras de agua, retirar los platos del postre, fregar platos y ollas, en definitiva servir con todo cuidado cada una de las 15 mesas en que tomaban asiento los 60 comensales. 

     Y mientras servían, generaciones de alumnos de ESO han recibido impagables lecciones, puesto que siempre había algún usuario del comedor que se dirigía a ellos con entrañables y certeras palabras para darles las gracias y exhortarlos a aprovechar a fondo los estudios sin desviarse del buen camino. Entre aquellas mesas debió fraguarse ciertamente más de un propósito de enmienda y enderezamiento de actitud. Vaya nuestra sincera gratitud a la Comunidad de las Hijas de la Caridad, porque de bien nacidos es ser agradecidos. Dios quiera que pronto podamos recorrer de nuevo ajetreados esos pasillos, cargados de exquisitos platos de comida y disfrutando de lo más valioso que poseemos los seres humanos: el amor recíproco. Por el momento, vaya nuestro respeto a cada persona que retira su bolsa de comida, en la que va contenida también nuestra sincera gratitud y cercanía. 

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