Después de unos días en Sevilla, en los que visitamos los espacios del colegio Claret y nos empapamos de la cultura andaluza de mano de los padres Claretianos, nos dirigimos finalmente a Tánger en barco. La ciudad nos recibió con una lluvia muy fuerte, pero conseguimos superarlo con ayuda de Mario, Cristina y Eloy, quienes nos llevaron las maletas en coche y nos guiaron para que pudiéramos llegar hasta el Hogar Lerchundi.
 
   Cuando llegamos, nos acomodamos y los voluntarios nombrados anteriormente junto a Mar, nos explicaron las normas del Hogar y nos resolvieron algunas dudas. Más tarde pudimos bajar al patio para conocer a los niños y nos recibieron con mucho ánimo y cariño. Al momento nos empezaron a llamar para que jugáramos con ellos y, aunque no pudiéramos comunicarnos en español, hablábamos con señas, con palabras en inglés o intentábamos entender lo que decían en árabe. Cuando acabamos nos dio mucha pena irnos porque, aunque estuvimos muy poco tiempo, lo vivimos muy intensamente y fue como si los conociéramos de toda la vida.
 
   Por la tarde visitamos las casas en las que vamos a poder compartir con los demás. De camino pudimos ver las diferencias entre las calles de Sevilla y las de Tánger. Ese contraste se percibe sobretodo en las zonas más pobres. No esperábamos que las calles estuvieran llenas de hombres, ni que fuese así porque en sus casas no tienen nada que hacer. Para empezar fuimos a Calcuta donde conocimos a una monja española y conseguimos que nos dejaran colaborar con ellas durante esta semana. Después fuimos a la Cruz Blanca a conocer a los chicos con los que vamos a compartir. Para el grupo fue uno de los más impactantes porque son personas con discapacidad y no esperábamos encontrarnos con esta realidad. 
 
Volvimos al Hogar y nos reunimos de nuevo con los voluntarios para que nos contaran cómo es el proyecto que realizan a diario y nos resolvieron las dudas que teníamos sobre la cultura y la vida en Tánger. Luego cenamos juntos, tuvimos una oración y una pequeña reflexión para acabar el día y comenzar a prepararnos para la inolvidable experiencia que vamos a vivir.
 
(Andrea Monzón y Pablo Holm)
 
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