Tercer día en Tánger, la experiencia está siendo inolvidable. Nos levantamos como todos los días, algunos se fueron a desayunar en el taller que les tocaba y otros se quedaron en el hogar. Les contaremos dos de los talleres en los que estamos participando.
 
La primera es Cruz Blanca, una congregación de religiosos que trata con personas mayores discapacitadas, además de los otros cuatro proyectos que tienen; todos coincidíamos en que era uno de los talleres más difíciles y duros de tratar. Sin embargo, pese a ese miedo de no saber interactuar con ellos, nos cambió la perspectiva totalmente: son personas increíbles y con valores inigualables, muy cariñosos y agradecidos a la mínima, como, por ejemplo, darles la mano o sonreírles. También es verdad que no es lo mismo trabajar con niños pequeños con los que estamos acostumbrados a con personas mayores. Pero estos prontos se convirtieron en nuestros niños atrapados en el cuerpo de un adulto. La verdad es que te llena de felicidad estar rodeado de estas personas y el poder sacarles una sonrisa y verles tan atentos con todo el mundo. 
 
En esta actividad hemos estado con ellos pasando el rato, dando paseos, dándoles de comer, y con ellos nos hemos sentido muy a gusto y sin las preocupaciones o miedos a lo desconocido que teníamos antes de acercarnos a esta realidad. Nos ha hecho reflexionar, igual o más que en el resto de asociaciones.
 
El segundo taller del que hablaremos hoy, consistía en pasar la mañana con los niños del hogar, tocaba excursión por la ciudad. Nos chocamos con una realidad que nos dejaba ver el nivel de desigualdad que hay en Tánger. Fue impactante ver como de una calle a otra cambiaban tanto las cosas, desde los edificios hasta la manera de vestir. Fue más duro aún ver la cara de nuestros niños, deseando tener una vida así. Al volver al hogar jugamos y estuvimos con los niños hasta la hora de comer que nos subimos a reunirnos con el resto de grupo. 
 
Todas las tardes las dedicamos a escuchar distintos testimonios, ayer nos hablaron del proyecto Dartika, en el que acogen a niñas de 6 a 15 años que sufren abusos o viven situaciones inhumanas, además les ofrecen una educación y, si lo necesitan, una familia. También escuchamos el testimonio de los proyectos que tiene Cruz Blanca, este consta, como comentamos antes, de 5 pilares: el de las personas mayores discapacitadas, la trata o abuso de personas, niños en riesgo de exclusión social, acompañamiento a las personas católicas encarceladas en Tánger y por último, el cuidado de personas que acuden con urgencia porque necesitan atención médica. 
 
Estamos aprendiendo muchísimo de todos los que se entregan a ayudar y compartir sus vidas con los más necesitados. Y mañana nos esperan muchas más cosas por conocer. Estamos muy emocionados de estar empapándonos de esta manera en la vida y cultura de todos. 
 
(Raquel Calzada y Marta)
 
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