El cuarto día en Níjar fue uno de los más esperados por todos nosotros. Junto con la hermana Araceli fuimos a visitar varios asentamientos de inmigrantes situados a los alrededores de San Isidro. En estos asentamientos conviven más de 700 personas, sin apenas alimento, sin luz, sin agua, y en condiciones pésimas de vivienda. Fuimos a echar una mano llevándoles todos los alimentos que habíamos estado embolsando en estos días. Fue una experiencia muy dura, pero que a la vez nos ha hecho darnos cuenta de que la extrema necesidad no se encuentra solo lejos de nuestro país.


Por la noche, invitamos a algunos nuevos amigos a nuestra casa, y pasamos un rato muy agradable compartiendo anécdotas y experiencias de vida. Cuál fue nuestra sorpresa al ver que, pese a nuestra invitación, uno de los chicos no venía con las manos vacías, y trajo algunos alimentos para compartir en la cena. Alimentos que seguro le costaron muchas horas de trabajo y esfuerzo y que, a pesar de eso, decidió traer como muestra de agradecimiento con nosotros. Desde luego, todas estas personas nos están dando una lección de vida que nunca olvidaremos.

 

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